Los castillos de arena

June 6, 2014

Pensando que escribir senti esa sensacion que es una especie de deshonor, con el no considerar y la falta de respeto. Esa sensacion que me viene cuando pienso en lo que la naturaleza me da y lo que yo y el mundo le quitamos. Es como alguien que viene a decirte te amo y le contestas con desprecio. Miraba el mar y pensaba en los desperdicios que tiramos, en nuestra basura. El mar, hogar de millones de especies, dador incansable. Con esta sensacion empieza mi historia. Hace 3800 millones de años nacia en el mar la primera celula. Bastante tiempo despues, en el año 1897 un hombre sin titulos, llamado Rene Quinton, formula un principio en donde decia que mantenemos en nuestro cuerpo los origenes de la vida. Decia que las celulas que constituyen nuestro organismo tenderan a vivir en las mismas condiciones acuaticas en las que vivia la celula primitiva. Con esto no solo afirma que la evolucion tiene una relacion directa con los oceanos, sino que tambien con nuestra propia supervivencia. “La célula es la expresion concreta de la idea abstracta de la vida”, decia Quinton. El suero marino da fuerza biológica a la célula para oponerse a la mayoría de las enfermedades. Las celulas no se tocan unas con otras, sino que nadan en una sustancia que es igual al agua de mar isotonica o plasma marino (aprox. por 3 de agua de mar, 1 de agua dulce). O sea, el agua de mar es igual que nuestra sangre sana. Entre 1887 y 1904 Quinton empieza su terapéutica en hospitales de París, donde trata casos desesperados, inyectando el plasma marino, en moribundos, infectados por cólera, y otras enfermedades terminales, salvando vidas. El agua del mar contiene los 118 elementos de la tabla periódica y es el unico medio, aparte de la sangre, en donde viven los globulos blancos, cosa que no pasa ni siquiera en el suero artificial. En 1904, despues de la publicacion de su libro “El agua de mar, medio organico” Quinton salta a la fama y comienza a abrir dispensarios marinos, una especie de salitas en donde se curaba con agua de mar. Los principales casos eran tifus, cólera y diarrea, la tuberculosis, los niños prematuros, la anorexia, enfermedades de la piel y malnutriciones graves. Pero como en todos los cuentos, hay un momento en el que los malos aparecen y uno de los monstruos mas terrorificos de todos fue la primera guerra mundial que arranco en 1914 y que no solo se llevo vidas sino que fue el escenario mas propicio para acallar una idea. Los dueños de las industrias farmaceuticas abrazaron las investigaciones del cientifico Louis Pasteur, quien decia que habia que atacar a los microbios invasores mediante antibioticos y prevenirlos con vacunas. La paradoja de una guerra afuera y otra adentro de nuestro cuerpo. Y que es mas rentable? El agua de mar, bien de la humanidad, o los medicamentos? Asi fue como bajaron al don nadie de Quinton y a su investigacion revolucionaria y de a poco fueron cerrando los dispensarios dejando morir toda la idea de una medicina natural y al alcance de todos. Cada cuerpo humano es como un pequeño océano en el que flotan las células. Si este océano interior mantiene sus condiciones físicas (es decir, su ph, salinidad, temperatura, etc.) similares a las primigenias, el conjunto del cuerpo se mantiene en un estado de equilibrio natural, que es lo que llamamos salud. Lo bueno de esta historia es que los malos son los de siempre, ya los conocemos, son los que se enriquecen a partir de las enfermedades, a partir de mantenernos consumiendo sus medicamentos que no son ni siquiera una copia barata de la medicina natural, son el veneno que nos tapona las ideas y nos lleva, enfermos, lentamente hacia la muerte.

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